jueves, 13 de noviembre de 2008

Heráclito almorzando

Cada plato es único. Uno puede conseguir la receta para prepararlo, pero cada vez que uno come, come algo único: uno está en un momento determinado sintiéndose de una manera especial, el día es único, la compañía, el lugar, todo eso es irreproducible.

Buscar repetir exactamente una experiencia que uno tuvo es inevitablemente un camino hacia la decepción. No se puede hacer pasar el agua de un río dos veces por el mismo lugar.

3 comentarios:

como envejece mi campera dijo...

Hay una excepción de platos que son únicos y al mismo tiempo perfectamente duplicables: los que hace mi abuela.

Cuando sirve sus milanesas sobre mi plato éstas se aparecen tan sabrosas como siempre. Tienen el mismo gusto desde hace veinte años más o menos, la misma cuota de humedad, las mismas proporciones de ajo y perejil...

Nunca me decepciono, comer sus comidas es una experiencia fuera del tiempo y del espacio. Son viajes indescriptibles, un bocado basta para conectarme con un presente que rebalsa de imágenes sensoriales.

De hecho, si los comensales vuelen una y otra vez al mismo restaurante es por esta razón, anhelan reencontrarse con sus platos preferidos realizados siempre de idéntica forma y bajo las mismas condiciones.

Signaturio dijo...

Yo prefiero los almuerzos de parménides.

Patto dijo...

Gracias a dios!
Sino tendría una mugre...
(el río, ni hablar de querer comer algo dos veces... puaj!)